Saturday, March 10, 2007
BUENOS AIRES
La esposa de un amigo. París de Sudamérica. Nunca fuí. Evita. Un primo que da clases de inglés. Mucha riqueza. Mucha pobreza. La que fue el amor de mi vida. Muy verde. Fui por tres días. Muy blanca. Extrema. Cuerpos bronceados. La mejor carne del mundo. Tango. Y fútbol. Y polo. Exótica, exótica, muy exótica. Volveré.
La lista es infinita. Las plabras para definirla varían de acuerdo a lo que se sabe, a lo que se recuerda, a lo que se imagina. Pero hay un denominador común y es la exclamación de sorpresa al escuchar esas dos palabras, "Buenos Aires", nadie las espera y una vez pronunciadas algo pasa, los ojos se agrandan (reacción siempre espontánea y automática), y empiezan las preguntas, la gente quiere saber, la entrevista cambia de rumbo y termino, siempre, hablando yo, sí, es una ciudad, enorme y cosmopolita, muy europea y muy sudamericana, qué mezcla más interesante, la gente no sabe pero quiere saber, está dispuesta a escuchar, con los ojos cada vez más abiertos y las exclamaciones de sorpresa más seguidas, porque suenan a sorpresa, dos palabras mágicas que una vez oídas ya no se olvidan, y una vez vividas provocan adicción, a esa conclusión llego tras varios años de vivir en Londres, años de representar un país cuya capital se resume en dos palabras, dos palabras que impactan, y sin impacto no hay amor.
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